Publicado en Curiosidades

EL EFECTO TOMATIS Y SU ADICCIÓN A MOZART

EL EFECTO TOMATIS Y SU ADICCIÓN A MOZART

La música en el cerebro del niño.

Desde el punto de vista anatómico, el oído interno del feto está totalmente desarrollado a partir de la mitad del embarazo. Sin embargo, eso no significa que el feto oiga desde entonces todo lo que pasa a su alrededor. Aunque la función auditiva ha sido, sin duda, la más estudiada, las opiniones siguen siendo divergentes: ¿A partir de qué momento oye el feto? ¿Qué oye exactamente?

Lo cierto es que durante el embarazo el bebé reacciona dentro del útero a una gran variedad de sonidos. No olvidemos que se encuentra en un medio que es muy sonoro por naturaleza: latidos del corazón de su madre, ritmo del flujo sanguíneo en su propio cordón umbilical o borborigmos en el intestino materno. También se ha podido comprobar que el bebé percibe, al menos en los últimos tres meses del embarazo, ruidos exteriores como los portazos, la voz de su madre o de su padre, la música que escuchan… y que reacciona a esos estímulos por medio de movimientos. Incluso, responde a sonidos de frecuencia demasiado alta (por ejemplo, ultrasonidos) o demasiado bajos para un oído adulto.

Unas semanas o meses más tarde, el recién nacido se calmará cuando se acurruque contra el “corazón” de su madre: quizá porque mantiene el recuerdo de los latidos escuchados cuando estaba en el útero.

La música y sus efectos en el desarrollo del cerebro
Las investigaciones que se han referido al efecto de la música sobre el cerebro infantil, han coincidido en que ésta provoca una activación de la corteza cerebral, específicamente las zonas frontal y occipital, implicadas en el procesamiento espaciotemporal.      Asimismo al evaluar los efectos de la música a través de registros de electroencefalogramas, se ha encontrado que la música origina una actividad eléctrica cerebral tipo alfa. Todo lo anterior se traduce en lo siguiente: la música (sobre todo la música clásica, de Mozart) provoca:• Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños.
• Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.
• Es una manera de expresarse.
• Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje.
• Brinda la oportunidad para que los niños interactuen entre sí y con los adultos.
• Estimula la creatividad y la imaginación infantil.
• Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.
• Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto.
• Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.

EL EFECTO TOMATIS

Cuando Alfred Tomatis recibió su título de médico otorrino laringólogo en 1949 en Paris, comenzó a recibir a muchos cantantes líricos amigos de su padre -famoso barítono francés-, que venían a mostrarle sus cuerdas vocales y a pedirle consejos para sus problemas de afinación, pérdida o falta de color timbrístico, vibratos incontrolables, problemas de volumen o colocación vocal y muchos otros relacionados con la voz cantada y hablada.

Tomatis los ayudó con las técnicas y medicamentos de la época. En una ocasión, cuenta, con el objeto de tensar las cuerdas vocales para mejorar la afinación de un cantante, le subió tanto la dosis de estricnina que estuvo a punto de estrangularse en escena y seguía desafinando.

Un día, mirando las audiometrías que les hacía a sus pacientes encontró una correlación entre aquellas que les practicaba a los obreros que habían sufrido trauma acústico, y aquellas que les practicaba a los cantantes. Se dio cuenta que a pesar de lo diferente de sus profesiones presentaban un gráfico parecido en sus respuesta auditivas. Ambos tenían una caída de sensibilidad en los 4000 Hertz. Revisó muchas audiometrías y después de analizar y encontrar las mismas características llegó a la conclusión que la voz dependía de la capacidad para escuchar y que si se deterioraba ésta  la voz automáticamente se veía afectada.

Con ayuda de filtros sonoros experimentó con cantantes. Los hacía cantar ante un micrófono y enviaba su voz a un aparato electrónico que permitía suprimir o sensibilizar las frecuencias a su gusto y, a través de unos audífonos, les devolvía la voz modificada para que así controlara la emisión. Los resultados eran sorprendentes. Tomatis modificaba la voz del cantante casi a su antojo. Si impedía que el sujeto escuchara frecuencias superiores a 4.000 hertz, por ejemplo, la voz perdía inmediatamente esas frecuencias con el consecuente impacto en la calidad vocal y musical. Y si por el contrario, le devolvía al oído la posibilidad de escuchar correctamente esas frecuencias la voz recuperaba su calidad con toda la musicalidad y el colorido timbrístico. Los espectros frecuenciales de la voz eran analizados por un sonograma y comparados con los filtros impuestos a los oídos, es decir, con una determinada manera o postura de “escucha”.

Estos experimentos llevaron a Tomatis a enunciar leyes que llevan su nombre y que fueron inscritas en la Academia Francesa de Ciencias, el año 1953.

  • La voz contiene solo lo que el oído es capaz de captar
  • Si se modifica la manera de escuchar de un individuo cambia de manera instantánea e inconsciente su emisión vocal.
  • Es posible transformar la voz a través de una estimulación auditiva sostenida durante un cierto tiempo (Ley de remanencia).

                                     

Tomatis descubrió que el feto escucha a partir del cuarto mes y medio de gestación y escucha principalmente la voz de su madre. A partir de allí el bebé comienza a entablar el vínculo comunicacional con su madre. Se comienza a estructurar el deseo de escuchar, de continuar en contacto, de seguir recibiendo el alimento emocional: el deseo de vivir. La voz de la madre, su música y su ritmo contienen todas las estructuras lingüísticas sobre las cuales se va a acoplar el lenguaje hablado.

El feto escucha la voz de la madre de una manera especial, es decir, con gran predominio de frecuencias agudas. Tomatis y sus colaboradores llegaron a establecer con exactitud la manera como escucha el feto. La vibración de la voz baja por la columna vertebral y hace resonar los huesos de la cadera, como la caja de un violonchelo. El feto, que tiene su oído inmerso en el líquido amniótico, recibe la vibración directamente en su oído interno. Y luego, en la medida que el feto va creciendo y desea escuchar mejor la voz de su madre, va a buscar un mejor contacto de la cabeza con los huesos de la pelvis. De esta manera, dice Tomatis, el feto orienta su encaje hacia la posición cefálica de salida. 

Dicotomía auditiva:  De sus observaciones Tomatis se dio cuenta que las personas “acercan” con preferencia un oído para escucharse ellos mismos y para escuchar el exterior. Aquellas que usan principalmente el oído derecho integran mejor y más rápido la información sonora, controlando eficientemente su voz. Y, al contrario, las personas que “acercan” el oído izquierdo son, en general,  más lentas  y su voz es más plana y su flujo verbal más lento. Cabe recordar que las conexiones neurológicas de los oídos están cruzadas respecto a los hemisferios del cerebro, de modo que el oído derecho envía su información al hemisferio izquierdo donde se encuentra el centro del lenguaje, por lo tanto es la vía más corta y rápida en el procesamiento de información sonora. El oído izquierdo, en cambio,  envía información al hemisferio derecho que hace una transferencia  hacia el centro del lenguaje, con el consiguiente retardo en relación al oído derecho. No obstante, ambos oídos son necesarios: el derecho controla; el izquierdo da la profundidad. Este funcionamiento es lo óptimo.

EL ELEGIDO: MOZART

Convencido de la importancia que tiene la escucha y de las posibilidades de reeducar esta habilidad, Tomatis desarrolló un método con aparatos electrónicos que, con ayuda de la música del canto Gregoriano y del efecto Mozart de la música de este autor, obligan a los músculos del oído medio a realizar un ejercicio osteo-muscular destinado a devolver al oído su estado natural de escucha optima.

Para Tomatis, el canto gregoriano dinamiza y facilita el encuentro de la persona con su yo íntimo. La razón es que esta música posee un ritmo compatible con los latidos del corazón y la respiración de una persona en estado de reposo. Además produce una elevada carga de energía cortical dado su alto contenido de frecuencias altas.

El hecho de elegir la música de Mozart entre todos los grandes compositores no es un hecho aleatorio. Tomatis utilizó al principio de sus investigaciones la música más diversa aplicada en numerosos pueblos de Oriente y Occidente, y comprobó que la única que todos admitían era la de este compositor. Así empezó a plantearse la razón de este hecho y a estudiar las características concretas que permitían a esta música influir beneficiosamente en todos sus pacientes.

Si tenemos en cuenta la teoría de que las diferentes frecuencias influyen en aspectos concretos del desarrollo evolutivo, la música de este compositor es ideal para el tratamiento, puesto que Mozart “trabajó con frecuencias muy altas -especialmente con flautas y violines- y es ideal para la terapia de escucha, ya que está entre los 125 y 9000 hertz que son los necesarios para las terapias”.

Pero no sólo es ideal por las frecuencias que utiliza, sino que la música en sí posee unas características especiales que la diferencian de otras y que le dan este carácter terapéutico: se trata de su frescura. Esta se debe al hecho de que Mozart comenzó a componer a los 4 años, antes de introducirse en el marco estricto de cánones culturales. Su música nació con la frescura de la espontaneidad, los biorritmos universales y la alegría infantil, y Mozart pudo conservar estas características hasta su edad adulta, agregando siempre las riquezas de su propio crecimiento.

Realizando este análisis, Tomatis llega a definir unas características concretas de la música de Mozart y su influencia en nosotros:

– En sus frases, ritmos y secuencias, transmite libertad y rectitud, lo que nos hace pensar y respirar con facilidad. Parece que la frase musical se desarrolle de la única manera natural posible. Esto concuerda con las propias palabras del compositor, para quien “todo está compuesto, solo falta escribirlo”.

– Es accesible a todos porque en su música reina un sentimiento de seguridad permanente sin momentos insólitos ni sorpresas.

– Sentimos constantemente felicidad y sentimiento de perfección, lo que puede derivarse de que Mozart consigue el milagro de colocar al ser humano al unísono con la armonía universal.

– Mozart logra despertar todos los ritmos fundamentales inherentes a cada uno. Su música hace vibrar y fluir el propio canto de cada ser humano, pone en resonancia el potencial de quien lo escucha.

– Su música es siempre joven, sin angustia ni contaminación. Su música siempre tiene el ritmo de un corazón que late como el de un niño, aún cuando Mozart se encuentre extenuado, al borde del aniquilamiento.

En definitiva, la música debe ser estudiada en relación directa con el sistema nervioso, y como ya teorizaban en la Antigua Grecia, un tipo u otro de música provocará una reacción anímica concreta, puesto que los lenguajes sonoros nos hacen revivir estados emocionales.

La explicación científica de este hecho se basa en que los sonidos nos proporcionan energía. De hecho, un estudio realizado por científicos norteamericanos concluyó que el sistema nervioso humano necesita para alcanzar el nivel de vigilia (de conciencia) colectar 3 billones de estímulos por segundo por los menos cuatro horas y media por día, y que mas del 90 % de esta carga de influjo nervioso la entrega el oído. 

Esto supone una base científica a la afirmación de las cualidades terapéuticas de la música de Mozart, pues como decíamos anteriormente, la combinación de altas frecuencias en ésta se convierte en ideal para conseguir el equilibrio en el hombre, y en definitiva, en su sistema nervioso.

Fuentes:

http://www.filomusica.com/filo85/tomatis.html

http://www.ecovisiones.cl/ecosalud/terapias/tomatis.htm

http://www.psicologia-online.com/infantil/musica.shtml

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